jueves, 15 de marzo de 2012

038.03* JAVIER RIAÑO. GALERÍA ANSORENA. Alcalá, 52. Madrid




La pintura que, Javier Riaño (Bilbao, 1959), presenta en esta veterana y prestigiosa galería, es en si misma un claro muestrario de paradojas que estimulan a su contemplación:

Es una pintura sencilla en su textura y concepción formal, pero compleja en sus juegos de luces y sombras, que dan solemnidad a los cuadros, que son, por otra parte, la exaltación de la figuración realista, pero sin que en sus paisajes urbanos y escenas interiores haya el mínimo vestigio de lo castizo y lo kirch, sí, por el contrario, una visión progresista de la pintura sobre lienzo.

037.03* ELENA JIMÉNEZ. LA SOMBRA DESOBEDIENTE. ARTEINVERSIÓN. Isabel II, 24. Boadilla del Monte. Madrid.



Practica esta artista lo que ella denomina en inglés como “patchwork”, es decir la composición hecha con retales y parches, que en el ámbito textil se concreta en el universalmente conocido “quilt”, pero que en  Elena Jiménez, (Alicante, 1965), supone la agregación y la superposición de fotos, de carteles, de hojas de periódicos y de revistas, algunas de ellas intervenidas por las manos y los pinceles de la creadora, puesto todo ello sobre un paramento vertical a modo de lo que más tradicionalmente conocemos como técnica de collage.

036.03** ANA SÁNCHEZ. EN RELIEVE. GALERÍA ESTARTÉ, Monte Esquinza, 8. Madrid




Desde que  Millares y Tapies redujeron la imagen pintada a la simple visión de la textura, como único elemento expresivo y los componentes de Nuevo Realismo,- que proclamó Pierre Restany-, introdujeron lo que nosotros denominamos el” objetualismo”, como manifestación del arte plástico, cualquier material, por extensión, puede ser objeto de tratamiento, para llegar a convertirse en lo que comúnmente se define como obra de arte, plasmación mimética de una realidad. Así, el proto-precedente de la obra de Ana Sánchez, (Salamanca, 1964), bien puede situarse en las “acumulaciones” y en los “encapsulamientos” de Arman, que basó su obra en el concepto antitético al de “le vide”,  - el vacío-, de Yves Klein, creando sustentado en la idea de “le plein”, - lo lleno-, acumulando y comprimiendo objetos en recipientes de distintas naturaleza.